
Tenías que estrellarme o abatirme,
tenías que romperte o arrancarme.
Acostumbrados uno a arrollar,
el otro a no ceder.
Inevitable el choque, no pudo ser.
Eres una perra rica-dijo- una perra rica. Ahora estoy lleno de poesía. Podredumbre y poesía, poesía podrida.